PETRINO, EL ÁRBITRO DEL MOMENTO

Nació en Buenos Aires pero se mudó a Mendoza y jugó al futsal desde muy chico. Por los estudios dejó de jugar y al tiempo un conocido le contó que la federación mendocina (FEFUSA) estaba buscando nuevos árbitros. La primera reunión no lo convenció mucho pero arrancó igual y fue a dirigir un torneo universitario: nacía una de los mayores exponentes del arbitraje nacional.

En el año 2010 dirigió su primer Torneo Nacional, el Argentino de Selecciones Juveniles en Ushuaia. “Venía de dirigir la final de juveniles de clubes en Mendoza y me tocó viajar por primera vez, el estadio estaba repleto con gente afuera queriendo entrar, gracias a ese partido me dije a mí mismo ‘doy para esto’, e hice un clic”.

A partir de ahí no paró, estuvo en todas las divisiones de honor que se disputaron en Mendoza, Esquel, Misiones y otros, y recorrió el mundo entero con el arbitraje. En el año 2011 tuvo su primero torneo internacional (Sudamericano en Paraguay) y en el 2012 cruzó el charco junto a Don Orione: ellos jugaban la Copa Intercontinental frente al Spartak de Moscú y Javier la arbitraba.

A esas alturas mirar para atrás en su vida ya era un ejercicio divertido. Poco queda de ese chico que empezó a jugar futbol de salón “porque me quedaba cerca del polideportivo” y la decisión de dejar la facultad para meterse de lleno en el arbitraje parecía empezar a justificarse con los logros. Aunque faltaba lo mejor…

Llegó el 2012 y se fue al Panamericano de Clubes en Asunción (Paraguay), donde dirigió la final, luego en 2013 también llegó al último partido del Mundial Femenino disputado en Barranca Bermeja (Colombia), en 2014 volvió a Colombia para la Copa de las Américas y en 2015 viajó junto a la Selección de Ariel Avveduto al Mundial de Bielorrusia. “Haber dirigido el mundial femenino y también el masculino es un logro importantísimo”.

Aparenta ser cabulero pero no lo es tanto. Su única tradición consiste en desechar una camiseta si en su estreno no cumple un buen papel. “Si me va mal en el primer partido no la uso más”. No es supersticioso pero sí cree que lo referido al arbitraje va acompañado de la suerte: “Un partido puede venir tranquilo y en el último minuto una jugada dudosa termina desencadenando que el equipo al cual le cobraste en contra se queje del fallo”.

Manejar la presión es una tarea aparte. “Momentos antes de cada partido los nervios y la ansiedad de que te salgan bien las cosas están siempre presentes, pero una vez que empieza ya te olvidas de todo”. Petrino asegura que es permisivo a la hora de dirigir pero que eso “me lo fue dando la experiencia, al principio busqué hacerme respetar siendo estricto y con el tiempo fui encontrando mi identidad”.

El arbitraje tiene su lado lindo pero también su parte más fría. “He perdido muchos amigos porque piensan que por el hecho de llevarnos bien los voy a favorecer en la cancha y no es así”. En esa misma línea, Javier asevera que “es complicado porque algunos jugadores se confunden, para mí una vez que empieza a rodar la pelota ya no hay amigos”.

El futsal es su vida y nunca se le cruzó por la cabeza dirigir futbol. “El futbol de salón es muy de señor, en cambio en cancha grande los jugadores te putean y es otra cosa”. No lo tientan otras disciplinas, el futsal auténtico es su casa: “Me han dicho que es más difícil dirigir futbol de salón porque es más chico, hay más roce y hay cuestiones técnicas como las cinco faltas de equipo y jugador”.

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