ELLOS MODIFICARON EL ESCUDO

La Confederación Argentina de Futsal comienza el año con la renovación de su emblema. El título mundial obtenido por el seleccionado juvenil argentino en 2014 ahora acompaña a la estrella que simboliza el campeonato de mayores conseguido en 1994.

La foto lo dice todo. Los chicos argentinos se encierran en un abrazo que vale más que mil palabras y que sirvió para calmar la euforia de miles de fanáticos chilenos, que se habían acercado al imponente Estadio Municipal de Concepción a alentar a sus representantes.
Luego de un año de la hazaña en tierras trasandinas, la Confederación Argentina de Futsal le rinde tributo a esa delegación, que cruzó la cordillera con ansias de lograr algo inédito y que volvió con el objeto más preciado: la copa mundial.
El camino no fue nada fácil a pesar de que los números demuestren lo contrario. Los dirigidos por Humberto Lucero lograron sobreponerse fácilmente a una zona que, a priori, podía complicar la clasificación a cuartos de final.
Italia, Cataluña y Brasil eran los rivales a vencer y los chicos se impusieron con autoridad, goleando en cada uno de los duelos y recibiendo solo dos goles en total: el mote “candidato” ya era imposible de obviar.
En los cuartos apareció Uruguay, país en el que la disciplina salonista dio sus primeros pasos. El resultado fue sentenciador: 5 a 1 para la albiceleste y que venga… el local. En la serie de semifinales el contendiente era un elenco chileno agigantado por su condición de dueño de casa.
Con la gente funcionando de compresor para inflar los pechos de cada uno de los jugadores rojos, los players argentinos debían dar lo mejor de sí mismos para lograr la clasificación. Ellos lo sabían. No podían retroceder. Mucho menos rendirse.
La joya Gonzalo Pires abrió la cuenta en el inicio y para fines del primer acto la victoria era rotunda: 4 a 0 antes del descanso para que la segunda mitad termine con nuestros seleccionados ganando, goleando y gustando. El puñado de hinchas albicelestes reverberaban a puro grito frente a un coloso repleto de chilenos.
Pero la epopeya no terminaba ahí. Era el turno del partido más importante de la semana, del mes, del año. Era el momento de dejar a la Selección Argentina en lo más alto, luego de exactamente una década del último gran logro mundialista.
Colombia había goleado a Chile en la previa por el tercer puesto y Argentina entraba a la cancha junto al poderoso Paraguay, que buscaba un nuevo título para sus bien abastecidas arcas y, a su vez, quería revancha: en el último choque entre sí, los albicelestes se habían convertido en torazos en rodeo ajeno para terminar conquistando el torneo sudamericano, disputado en tierras paraguayas.
La historia de esta final mundial no sería diferente. Con solo goles mendocinos, el combinado argentino triunfó por 5-3 y la ilusión se transformó en realidad. Gonzalo Pires y Luciano González fueron los goleadores del pleito con un doblete cada uno y Renzo Grasso terminó consagrándose como el jugador más valioso del certamen.
Somos campeones del mundo nuevamente luego de veinte años y la Confederación Argentina de Futsal decidió rendirle homenaje a esta hazaña juvenil cosiendo la estrella en nuestro emblema.

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